Hacerse mujeres y hombres

Pensamiento maternal y cultura de paz.

Enviado por admin el Jue, 2006-06-22 17:20

Sara Ruddick, en su conocido libro Maternal Thinking, desgrana cuidadosamente una serie de argumentaciones encaminadas a rescatar el trabajo maternal como fuente de un pensamiento específico que, por su origen y contenido, entra en contradicción con el recurso a la violencia para la solución de los conflictos, y por tanto con la .guerra. El artículo expone los presupuestos y argumentos en los que se apoya esta autora para mantener que aunque las madres no son intrínsecamente pacíficas, la práctica maternal es un recurso natural para una política de paz.

Carmen Magallón Portolés
Epdp nº 52, verano 2000

Si entendemos la política como hacía Giulia Adinolfi, como el momento de confluencia de la experiencia personal con la visión global y con la voluntad de incidir en el mundo, estaremos de acuerdo en que la política atraviesa todos los aspectos de nuestra vida individual y de relación con las personas y que no podemos referimos a la política dejando fuera del campo de visión la vida cotidiana. Entendemos experiencia personal como la percepción, la vivencia de todo aquello que hacemos en todos los ámbitos de nuestra actividad cotidiana. La visión global sería la conciencia de que no vivimos en aislamiento, que somos resultado y causa a la vez de un contexto histórico determinado. La voluntad de incidir es una afirmación de existencia social, en la medida que existimos en una sociedad la modificamos con nuestros deseos y proyectos.

En los últimos veinte años hemos aprendido el valor político de mirar el mundo con ojos de mujer. Me gustaría intentar rastrear cómo hemos recorrido ese camino sin pretender, sin embargo, que el "nosotras" incluya "todas" las mujeres, puesto que precisamente en estos veinte años se ha puesto de manifiesto la gran diversidad de experiencias de las mujeres en este país.

Elena Grau.
Epdp nº 38-39, otoño 1995

La crisis de la masculinidad.

Enviado por admin el Jue, 2006-06-22 16:45

Lo que se considera que ha entrado en crisis es el modelo de varón existente: para construir nuestra identidad necesitamos modelos a los que parecernos y el modelo de varón que existía hasta este momento ya no nos sirve. Este modelo se caracteriza fundamentalmente por dos rasgos: el de la dominación masculina y el de la existencia de unos principios activos específicamente masculinos. En virtud de este modelo, al varón le estaban reservados determinados ámbitos de actividad vedados a las mujeres. Estos ámbitos resultarían ser socialmente más valiosos que los femeninos, de lo que se inferiría la superioridad del varón sobre la mujer. Esta superioridad justificaría, además, las diversas formas de dominación patriarcal.