La política del corazón. Hacia una racionalidad más básica.
La historia a menudo se mueve en espirales que regresan a un mismo punto, aunque tal vez en otro plano. Ese pensamiento me viene a la mente al recordar que la primera de todas las manifestaciones a la que asistí en mi vida había sido convocada clandestinamente para tratar de parar la condena a muerte de un anarquista barcelonés, Salvador Puig Antic. Era a comienzos de los años 70. Pese a las protestas internas e internacionales, la condena fue ejecutada. Veinticinco años más tarde fui una de tantas personas que salió a manifestarse a la calle de manera casi espontánea por la vida de un ciudadano de este país que pendía de un hilo. Mis razones estaban claras: siempre he estado radicalmente en contra de la pena de muerte. Y la amenaza que pesaba sobre Miguel Angel Blanco era una pena de muerte. Pero también esta condena fue ejecutada.
Carmen Magallón Portolés
Epdp nº 46, otoño 1997.
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